Lugar
Nuestros personajes deberían estar siempre en un lugar definido. Ver a dos improvisadores moviéndose en el vacío es desaprovechar el increíble potencial de la impro para crear de la nada. Podemos habitar cualquier sitio, desde una base lunar hasta ser ácaros en las fibras de una alfombra. No desperdiciemos la oportunidad de hacer que el público visualice nuestros espacios con la misma viveza con la que nosotros los imaginamos.
El lugar en la impro no es solo algo decorativo. Los personajes se relacionan con él y hay ocasiones en las si lo jugamos bien puede convertirse en una especie de coprotagonista silencioso. En general los personajes están inherentemente unidos al espacio. No es habitual que el lugar sea una mesa de billar y los personajes que lo habitan sean inspectores de Hacienda. Si se estipula que estamos dentro de la mesa de billar, esperamos ver a sus habitantes, que son las bolas de billar, viviendo la aventura de meterse en el hoyo por sí mismas sin la ayuda del taco. Las conexiones facilitan que las asociaciones de ideas estén cohesionadas en un universo fantástico pero coherente.
En muchas otras el lugar es un telón de fondo carente de protagonismo y vida. El lugar puede no aportar nada si dos personajes hacen los mismos movimientos y dicen lo mismo ya estén en un parque o en la sala de un reactor nuclear. Por eso no es lo mismo dos profesores de química en la cola de la pescadería que dos químicos en un laboratorio. Ni se van a mover igual ni van a encontrar en el espacio los mismos elementos con los que interactuar. Queremos ver a los improvisadores cobrando la vida de sus personajes, conectarse con el lugar que ya conocen e interaccionar con los elementos que lo componen.
Ejemplos de espacios desaprovechados los tenemos en todas partes. Un buen ejemplo son las sitcom. Paradójicamente, sitcom significa comedia de situación, pero al transcurrir siempre en los mismos lugares cerrados (todos son platós de televisión estereotipados), poco importaba que los amigos estuvieran en la casa de Mónica o en la cafetería de Gunter, el Central Perk, porque la magia estaba en los diálogos y en la información que traían de fuera. El salón era el mismo en «Matrimonio con hijos» que en «Infelices para siempre». Era literal y físicamente el mismo, la productora lo recicló de una serie para la otra, porque daba igual. Los salones familiares de los noventa dieron paso a los pisos compartidos entre el grupo de amigos de los 2000. El lugar era irrelevante, las relaciones que tenían entre ellos, no.
Muchos alumnos que no conocen la impro esperan que sus primeras escenas se parezcan a un scketch de Monty Python, Los Luthiers o José Mota, o quizás a un capítulo de una comedia de situación como Friends o El príncipe de Bel Air, así que llegan a la escena con una premisa preconcebida que creen que es hilarante, pero luego se dedican a hablar y hablar, o a discutir entre ellos sin que ocurra nada. Un sketch de comedia sigue unos parámetros, tiene una serie de estructuras y usa unos recursos y técnicas definidos, pero son complicados de aprender. Normalmente, antes de adentrarse en estos formatos tan particulares, es mejor empezar por lo general. Conocer el PROL y el conflicto, o las técnicas y recursos básicos de la narrativa suponen conocer las herramientas básicas multiusos que se utilizan para construir cualquier obra narrativa, incluidos estos formatos. En impro se puede lograr cualquier cosa, incluso dominar el formato de un scketch de comedia o de la sitcom, pero es necesario trabajar la técnica de unos recursos muy específicos con un elenco concreto para ejecutar ese formato específico. En general se recomienda empezar por la base. El PROL, los recursos, técnicas y herramientas narrativas de la impro deportiva son la raíz universal de toda historia, incluidos sketches y cualquier otro formato. El PROL está en todos los medios narrativos y en todas las historias universales, desde cuentos populares hasta las historias mitológicas. En todos ellos hay personajes y en todos ellos los personajes tienen conflictos. Por eso, una vez dominado este recurso básico, podemos pasar a los siguientes más complejos.
El género bélico, el thriller, el terror y la ciencia ficción son también muy dependientes del lugar. Las parodias son habituales en comedia y relativamente fáciles de ejecutar. Todos tenemos en mente cuál es la estructura prototipada de un thriller: un asesinato, un inspector con un pasado oscuro y las pistas que conducen a enfrentarse con su pasado porque el asesino resulta ser su hermano. El género comienza marcando un lugar inconfundible para el resto del elenco y el público: la oficina de policía, la estación espacial, la trinchera, la mansión abandonada...
No tener escenografía es una ventaja porque podemos viajar a cualquier lugar, pero también es un inconveniente porque algunas veces nos obliga a decir en voz alta dónde estamos. En ocasiones no es solo el dónde, sino que de manera forzada metemos todo el PROL en una frase. Explicitar es algo común y continuo en impro deportiva. También lo es en largo formato, pero los improvisadores tratamos de disimularlo más con un lenguaje más natural y tranquilo, tomándonos nuestro tiempo para dosificar la información. En principio en deportiva no hay que temer decir las cosas claras, a veces es la única manera.
El lugar puede ser la semilla de toda la historia. Puede ser el inicio del conflicto (un barco que se hunde), facilitar el objetivo (usar las velas para tapar el agujero), ayudar a establecer la relación (capitán y grumete) y ser fuente de todos los objetos imaginarios que un improvisador podría tener a mano para accionar (timón, mástiles, cubierta, ancla...).
En la otra cara de la moneda están los lugares que no son muy generosos con los improvisadores. De hecho, existen toda una serie de propuestas, no solo acerca del lugar, sino de cualquier aspecto de una impro, que aun siguiendo todos los consejos para armar una historia, en vez de ampliar sus posibilidades, la limitan, o que en lugar de estar ese elemento conectado con el resto, no está relacionado con nada. Como de por sí las impros corren riesgo de ser una amalgama de elementos narrativos desconectados, pongámoslo fácil y comencemos por ensamblar elementos fácilmente reconocibles.
No es lo mismo comenzar la impro en un aparcamiento que en un taller. Un taller tiene multitud de atributos asociados, desde personajes a conflictos y objetivos. Un aparcamiento en principio puede estar habitado por todo tipo de transeúntes anónimos. El lugar no ayuda porque puede estar conectado con todo y con nada. No es un potenciador de la impro, más bien es un limitador. Cualquier cosa que queramos inventar no estará relacionada con este lugar o, igualmente, se podría relacionar de la misma manera con cualquier otro. Además, en un aparcamiento no suele ocurrir nada especial ya que no tiene conflictos asociados.
El esfuerzo que un improvisador tiene que hacer para sacar algo interesante de una propuesta desconectada es mucho mayor. Por supuesto que se puede, pero si estamos empezando a improvisar, facilitemos nuestro trabajo. Existen una serie de lugares inespecíficos que acomodan la improvisación en situaciones anodinas. Suelen aparecer una y otra vez lugares rutinarios en los que se establece una realidad ordinaria hasta que esta se rompe, y a veces no llega a romperse justo por este motivo. Romper el mundo ordinario en un taller es relativamente sencillo. Hay tantas acciones y objetos que simplemente con que cualquier cosa salga mal y rompa la rutina será un soplo de aire fresco (o al menos un cambio en la acción dramática). Por contra, lugares como un aparcamiento, la pista de baile de una discoteca, un comedor, una biblioteca, la parada de un autobús, una plaza, un parque.. Los lugares de paso, espera o rutina suelen ofrecer pocas oportunidades para desarrollar una impro. Mientras, los lugares llenos de actividad suelen ofrecer un abanico de posibilidades conectadas al lugar que se pueden explotar.
Convertir un lugar yermo en uno fértil para nuestra impro solo es cuestión de dónde pongamos el foco y cómo elaboremos y expandamos lo que tenemos de inicio. A preparar los ingredientes iniciales para facilitar al máximo nuestra impro en narrativa se le dice plantar y cosechar. Algunas veces no es suficiente con plantar unos personajes en un lugar con una relación donde se impone un objetivo. Notario y cliente en una notaría discutiendo si firmar o no una nota notarial seguramente no sea una escena con mucho potencial. Improvisadores experimentados sabrán sacarle partido (porque sabrán sacarle partido a todo) mientras improvisadores noveles se vean en dificultades. Facilitemos nuestra labor, aunque a veces la semilla venga impuesta por el...
En la wiki hay una definición breve de este concepto: Lugar.