La lengua secreta de… la impro deportiva · Manual

Personificar

Pongámonos en situación, la improvisadora avanza a proscenio (la parte frontal del escenario). Se planta en medio segura de sí misma, adelanta la cabeza, pone pecho palomo, mete tripa y saca colita. Flexiona piernas y codos, coloca manos en pinza, pone bizca su mirada y se lía a graznar y corretear cual gallina de corral aleteando con esmero. El público había dado un título a esta escena: «Desmemorias de África», y ante lo inesperado de la salida, la audiencia ríe sorprendida. Con la energía tan álgida, nadie ve una improvisadora, ve a la excéntrica ave. El público está dentro de la escena porque la improvisadora también lo está. Ya podemos tachar la «P» del PROL y centrarnos en plantar el resto, el «ROL». Después de todo, el improvisador ha creado un personaje brillante. ¿O no es así?

Aunque el público adore vernos jugar y hacer de objetos, entes y animales, sobre todo en comedia, a este deberíamos ajustarlo un poco. Si el animal no solo es atrezzo y va a ser un personaje de la historia, hay que humanizarlo. De inicio muchos improvisadores salen a escena moviéndose con dificultad a cuatro patas. Mugen, ladran o aúllan para hacer entender qué son o llamar la atención del público. Además necesitamos que un personaje hable. Hacer una historia muda requiere una serie de técnicas concretas que pocas veces se aplican. Pero lo más importante, si no usamos todas las herramientas comunicativas que nos da la impro corremos el riesgo de bloquearla o que los improvisadores tengan dudas de cómo desarrollarla, y una impro tiene que fluir.

Enlazando con esto, este improvisador podría bajar un par de tonos el nivel de energía. Gritar, movimientos descontrolados o demasiada agitación da una mala imagen escénica y genera ruido sonoro y visual. Los movimientos en escena deberían estar medidos e ir por tiempos. En impro gestual, máscara o mimo se recomienda practicar primero como si cada movimiento fuera el tic de un reloj. Es un método con el que se descubren formas y corporalidades. El movimiento final después de la práctica es fluido, más definido y concreto para el público, que puede identificar lo que hacemos de forma inmediata. Además, un mayor control de la energía y de la corporalidad también es un mayor control escénico y dramatúrgico. Ruido, faltas de escucha y confusión son a veces originados por exceso de actividad y saturación de información en la mente de los improvisadores.

Es mejor que los animales que tengan un papel relevante en la historia se pongan en pie y adquieran cierta visibilidad. Poner una voz muy diferente y muy exagerada ayuda a identificarlo. En comedia absurda a veces se agradecen las voces tipo dibujo animado, y todo el mundo puede modificar el timbre de su voz de alguna manera. Aun siendo impro de corto formato, hay compañías de improvisadores que son dramáticamente hieráticos, realistas y serios en escena. Grandes actores de comedia como Leslie Nielsen en «Agárralo como puedas» o Rowan Atkinson cuando no es «Mr. Bean» son en realidad actores impertérritos. Eso los hace aún más cómicos porque la fuerza de la comedia está en lo que dicen y en el contraste entre la situación y su escueta reacción, no en performar una caricatura forzada e histriónica. Como cualquier otro elemento narrativo, jugaremos a crear opuestos. Si por ejemplo un improvisador ya es muy enérgico, podemos probar a crear un personaje más comedido que haga de contrapunto. En una historia funcionan muy bien los personajes contrapuestos: personalidad, energía, emociones, humor general, cosmovisión, clase social...

En impro un mismo improvisador suele hacer de varios personajes. Puede salir a escena con la corporalidad y manera de hablar de un robusto granjero, lanzar una propuesta que refuerce y amplíe la plataforma de su compañero, salir de la escena y volver a entrar al rato adquiriendo otra corporalidad y otra manera de hablar para interpretar a, por ejemplo, una mazorca de maíz totalmente humanizada. Recuerda, por cierto, que si en el universo que hemos creado las plantas hablan, es mejor que los humanos no evidencien lo extraño que es encontrarse con un ser inanimado que habla. En ese universo, eso es lo normal, y como nos pongamos a evidenciar cada elemento extraordinario que aparezca en una impro, el público va a terminar harto. Mowgli no evidencia que los animales de «El libro de la selva» hablan cada vez que se encuentra uno, pero sí lo hace Alicia en el país de las maravillas porque pasa de un universo realista a uno fantástico.

Existen todas las combinaciones posibles para representar animales, pero actualmente nos conviene que si un personaje con un rol asignado es un animal o un objeto, entonces esté tan humanizado que podría cambiarse por una persona y apenas lo notaríamos. Piensa en «Bambi». Bambi es solo un ciervo. Su carita expresiva está humanizada lo justo como para que podamos entender sus emociones. Inspira ternura, curiosidad, miedo por lo que le pueda pasar... pero al ser un personaje mudo difícilmente se puede expandir más. De hecho, sus conflictos no son internos y nos costaría entender qué piensa o desea, porque lo que vemos durante toda la película es la lucha del animal contra las fuerzas de la naturaleza. Sin embargo, Tambor, además de ser un conejo, está humanizado al punto de hablar, expresar emociones más complejas y dar juicios de valor. Tambor podría ser exactamente el mismo personaje siendo físicamente un niño; Bambi, no. Y dad gracias a Tambor, porque sin este secundario nos encontraríamos con una historia parecida a un documental y no sería un clásico recordado por todos. Un protagonista con un pasado, una historia, carisma, expresivo... pero que es mudo y que es pasivo a todo cuanto le ocurre difícilmente puede exprimirse como debiera y tener un arco de personaje más profundo. Bambi contrasta muy fuertemente con otros personajes como el protagonista de «El rey león». Ante el dilema de enfrentarse a su pasado o hakuna matata, Simba toma decisiones activas y no solo reacciona emocionalmente sino que toma decisiones que trazan su propio camino, afectando además a todos los personajes de la historia. La huida de Simba es el alzamiento de Scar. Los guionistas han ido evolucionando, y saben que todo lo que hace un personaje debe tener su efecto en la trama.

Es por eso que este género narrativo (documental) se ha ido transformando hasta prácticamente desaparecer. Estas historias de animales se han ido abandonando en pro de mostrar un trampantojo al espectador. El truco consiste en rellenar una propuesta que empieza por «y si...». ¿Y si en lugar de obreros construyendo rascacielos de una sociedad fuertemente jerarquizada y militarizada fueran hormigas de un hormiguero? «Antz». ¿Y si en vez de policías fueran los glóbulos blancos los que resolvieran crímenes? «Osmosis Jones». ¿Y si Sherlock Holmes, Watson y Moriarty fueran personajes de un universo canino con tintes de steampunk? «Sherlock Holmes» de Hayao Miyazaki. La creación de universos y atmósferas nos da variedad, y es un soplo de aire fresco que puede revivir historias estereotipadas y reutilizadas al extremo.

En impro necesitamos todas las herramientas que tengamos a nuestra disposición, y nuestras manos para crear objetos en el aire es una de ellas. Para que las acciones de un personaje repercutan en la historia, es más fácil, en general, que nuestro personaje pueda usar las manos. Deberíamos poder manipular instrumentos aunque nuestros brazos estén en una posición extraña para representar animales, entes abstractos u objetos. Los brazos pueden ser las manijas de un reloj, pero no está de más liberarlos de su rígida posición inicial en cuanto haya quedado claro lo que somos. Esto es porque es recomendable dejar siempre nuestras manos libres para poder pintar en el espacio y dibujar un...

En la wiki hay una definición breve de este concepto: Personificar.