La lengua secreta de… la impro deportiva · Manual

Omisión

La magia muchas veces ni siquiera se explica, pero cada acción o conocimiento de los personajes tampoco. Ya hemos hablado de que allá donde van los hermanos Elrich de «Fullmetal Alchemist», Harry Potter, Frieren o Aang, son reconocidos y se ahorran las presentaciones. En parte está justificado por su fama. Edward Elrich es El alquimista de acero, Harry Potter es el que sobrevivió a Voldemort, Frieren es la heroína que salvó al mundo del Rey Demonio, Aang es el Avatar que domina los cuatro elementos...

No es solo una cuestión de usar el protagocentrismo para que absolutamente todos los personajes estén relacionados con el protagonista. Pasada la introducción, todos los personajes o bien ya conocen todo el argumento o bien se omite el momento en el que han recibido todo ese volquete de información. Por economía narrativa, si tuviésemos que condensar «El señor de los anillos*»* en una impro corta, sería mejor que nos ahorrásemos ver cómo Gandalf ha hecho de conector a caballo entre todos los personajes o asiste a la biblioteca para entender la naturaleza del anillo. En impro todos los personajes deberían saberlo ya todo. Lo único que no obviamos es la primera vez que se muestra algo, porque en realidad no se está mostrando algo a un personaje, sino que se está transmitiendo algo al público, que solo quiere y necesita escucharlo una única vez. Es ese momento cuando por ejemplo, no ya con un diálogo, sino con una única y concreta frase, un personaje explica al protagonista su misión. En impro deportiva nos solemos ahorrar los antecedentes de los personajes, pero también el sistema de magia, cosmogonía, antecedentes históricos y demás información que forman los puntos de historia, y si aparecen, se suelen introducir de forma escueta y tangencial. La prioridad es crear el conflicto y el objetivo, aunque si hay espacio para colorear el mundo que los personajes van a transitar, mejor.

Ese momento en el que Hagrigh le dice a Harry Potter que es un mago y que los magos van la escuela de magia; ese momento en el que Morfeo le cuenta a Neo que es el elegido y que la humanidad vive en Matrix; ese momento en el que reclutan a Frieren; ese momento en el que Gandalf le dice a Frodo que tiene el anillo único para dominarlos a todos, ese momento en el que Katniss Evergreen se ofrece para Los juegos del hambre... se debería explicar solo una vez. Muy al contrario, damos por hecho que todos los personajes aparecidos y por aparecer están al tanto de toda la narración.

No se trata solo de explicar o no explicar las reglas del mundo ordinario en el que viven los personajes. En las películas de «El señor de los anillos» los magos hacen magia. Nunca se explica cómo funciona, todo el proceso por el que adquirieron ese poder o los pormenores de los artefactos que utilizan. Simplemente es una habilidad que muestran y el espectador no siente que se le esté ocultando información o que esté contemplando un mundo inverosímil. Por otro lado, Gandalf le tiene que explicar explícitamente a Frodo, y por tanto al lector, qué es el anillo único y por qué tiene que destruirlo. De hecho, como toda la trilogía gira en torno a que Frodo tiene que destruir el anillo, J. R. R. Tolkien no se pasa los tres libros repitiendo esto cada vez que aparece un nuevo personaje al que hay que poner al día. Tolkien omite todos los diálogos y explicaciones de información que el lector ya conoce. Para cuando los protagonistas llegan al siguiente punto de la historia, todos han sido ya informados.

Por ejemplo, cuando Gandalf llega a la torre de Saruman después de instruir a Frodo en La Comarca, no se nos vuelve a relatar otra vez la historia del anillo y la misión de los hobbits. Asistimos a una escena totalmente nueva en la que se revela que Saruman tiene un palantir (una bola de cristal) con la que ha estado en contacto con el señor oscuro, así que ya lo sabe todo y el público asiste a un interesante punto de historia. Es el giro de guion en el que Saruman traiciona a Gandalf y, creando un nuevo conflicto, lo encierra en la torre. Así que en lugar de aburrirnos repitiendo la misma historia, la historia avanza creando una nueva trama para dos personajes secundarios.

En deportiva lo tenemos bastante difícil para generar subtramas, así que nos centramos en la principal y desarrollamos todo lo que podemos de la misma dentro de las limitaciones del formato. De hecho, uno de los problemas que suele aparecer es la dispersión. Generar varios conflictos, no centrarse en un único protagonista, tener varios focos o escenas que no sirven para nada suele provocar la desaparición en el olvido de aquello que se ha plantado.

No obstante, si plantamos una sola trama y una sola idea, será mucho más fácil centrarse en ella y seguirla hasta el final. Ya irán apareciendo a su alrededor todos los elementos de la historia de manera natural. Justificaremos más o menos la línea principal de lo que está pasando, pero ni mucho menos lo justificamos todo, y si aparece un personaje nuevo que no debería conocer nada de la trama, omitimos toda explicación. Aparecerá con una especie de omnisciencia argumental con la que conocerá todo y a todos. No hay presentaciones y no hay tiempo para explicaciones. El nuevo personaje reconoce a los héroes y les cuenta el siguiente punto de historia. Como todo, es mucho mejor si esta omnisciencia está justificada. A Harry Potter se le reconoce por la cicatriz y los ojos de su madre, pero la prioridad en deportiva es no reincidir una y otra vez sobre lo mismo, así que ahorraremos explicaciones y justificaciones e iremos directos al grano. En última instancia, es al público al que va dirigida cada línea de diálogo y cada imagen que mostramos. Por eso, cuando ya hemos plantado un punto de historia, no lo volvemos a relatar.

Así que ni debemos ni podemos justificar casi nada de lo que está pasando por dos motivos. El primero es que no tenemos tiempo para hacerlo, y el segundo es que el formato de la impro deportiva exige ritmo, ir directos a la acción, mantener la energía y llegar al clímax sin que la tensión dramática se desinfle. En impro omitimos todo lo que podemos para mantener la inmersión del público. En todo medio se usa la economía narrativa, pero en impro su uso es crítico.

En impro deportiva explicitar al público qué está pasando es a veces necesario e incluso cómico, pero el porqué está pasando es mejor ahorrárselo, y siempre ha de primar lo implícito sobre lo explícito. Dejemos que la imaginación del público rellene los huecos. Es uno de sus grandes talentos.

Por otro lado, los puntos de historia, de haberlos, deben ser escuetos. En largo formato es más elegante no explicitar tanto, dado que se asemeja más a otros medios narrativos tradicionales. Aun así, como no disponemos de apenas tiempo en deportiva, el quiénes somos, qué estamos haciendo, dónde estamos y qué queremos debería resolverse con una línea de diálogo. Hay que tener en cuenta que deberíamos lanzar ideas cortas y asequibles, y que si necesitamos largas exposiciones de texto para hacer llegar nuestra propuesta, es posible que esta no sea la adecuada. Siempre colocamos ladrillos pequeños y construimos la impro peldaño a peldaño. Ello incluye la manera en la que los personajes se expresan, pues lo hacen siempre con cierta...

En la wiki hay una definición breve de este concepto: Omisión.