Muestra, no cuentes
Las coleccionistas de sellos no han encontrado el sello en el cajón de sellos. Podrían desperdiciar el preciado tiempo escénico reprochándose mutuamente el no haber traído un sello del valor adecuado o negociando cuánto dinero quiere cobrar una para darle a la otra un sello de su álbum. En vez de eso, la siguiente propuesta apunta hacia la acción y ambas se dirigen a realizar la actividad que solucione el problema. Discutir, negociar, planificar cómo resolver el problema cansará a la audiencia. No queremos ver a los personajes hablando del problema. No queremos ver al grupo que lidera Bruce Willis hablar de cómo van a destruir el meteorito en «Armaggedon», queremos ver a Bruce Willis subirse a la nave espacial para volarlo en pedazos. Las coleccionistas no encontraron el sello en el cajón, así que en lugar de discutir sobre ello, una sugiere que pueden fabricar un sello como los antiguos, cogiendo una vela de un candelabro, derritiendo la cera encima y plasmando la figura de su anillo con el blasón de la Asociación de Coleccionistas de Filatelia.
Nos llevaría un buen rato contar a alguien cómo funcionan algunos universos, pero con práctica lo podemos mostrar durante la plataforma. En «Monstruos S.A.» lo primero que vemos es a los monstruos almacenando los gritos de los niños en bombonas para usarlas como fuente de energía. No se nos cuenta cómo funciona o se nos explica por qué funciona. Por muy absurdo que sea, en ese universo tiene sentido, y además la premisa es clara y se resume en una frase. No son necesarias las explicaciones porque directamente vemos a los personajes en lo que para ellos es su jornada laboral rutinaria. El universo funciona así y ellos llevan años viviendo en él. Solo hay unas pocas líneas de diálogo que comentan que Sully es el mejor asustador de la empresa y los niños humanos son tóxicos y mortales para un monstruo. Esos dos puntos podrían ser intrascendentes, pero son cruciales para la trama. En impro podemos acompañar nuestras acciones con una frase de lo que estamos haciendo y por qué lo estamos haciendo si no queda claro solo con la actividad. Universos alternativos con reglas fascinantes se generan en la impro a partir de una idea corta y sencilla, lo que da pie a historias que sin pretenderlo terminan reflejando ideas más profundas.
Uno de los usos más prácticos de la técnica «muestra, no cuentes» es la presentación de personajes. Si recordamos la escena de presentación de Jon Conor en «Terminator 2», vemos a su adolescente protagonista pirateando la tarjeta de crédito de su padrastro en un cajero automático. El chico conduce además una moto destartalada, enana y muy ruidosa. Sin que nadie nos lo diga, hemos visto suficiente para saber que el chaval es el pillo de altas capacidades más molón del barrio. El ejemplo contrario lo tenemos una vez más en películas que nadie recuerda. Toda la película de «Sexy Beast» consiste en la promesa hecha al público de que el peor gangster de la banda va a llegar a la ciudad, torciendo la idílica vida de unos ex mafiosos ya retirados. Tanto hablan los protagonistas de lo cruel y terrible que es Ben Kingsley antes de aparecer, que cuando llega y no hace absolutamente nada, el público se siente estafado y la película se hunde debido a la promesa incumplida de los guionistas. Igualmente el novelista Patrick Rothfuss peca en exceso de algo parecido en la primera y segunda parte de «El nombre del viento». La contraportada de sus libros es un avance de los increíbles logros de su protagonista que nunca llegamos a ver. Muchos de sus personajes secundarios son anunciados cientos de páginas atrás con excelsa pompa, pero cuando aparecen (si es que lo hacen) no están integrados dentro de la acción de la historia sino que a veces se plantan ahí para contar un cuento y colarnos una sobreexposición de manual sobre los orígenes del villano que por cierto... nos pasamos todo el libro esperando a que, de nuevo, aparezca.
En el momento en el que hablamos más de la cuenta, perdemos al público. Nos convertimos en dos cabezas flotantes encima del escenario y hacemos al espectador consciente de que está viendo unos focos, un telón, unas tablas de madera y dos o tres personas hablando vestidas de negro. Cuanto más estáticos seamos más corremos ese riesgo. Una narración es movimiento y cambio continuo. En largo formato, la historia puede cambiar todas las dimensiones posibles de sus personajes: física, mental, emocional, interpersonal, interrelacional, social, económica... Si a los personajes les ha ido bien, haz que les vaya mal; si han obtenido un logro, haz que obtengan un fracaso. En impro deportiva los fracasos pueden hacer que bloqueemos la acción y el ritmo, así que para este caso vamos a hablar más bien de obstáculos, dado que no tenemos tiempo para construir escenas que supongan un anticlímax. En este manual no nos vamos a meter en profundidad en cómo construir arcos de personajes, porque aunque en deportiva podemos invertir la polaridad de alguna dimensión del personaje (podría pasar de rico a pobre, de infeliz a autorrealizado), nuestro tiempo escénico es limitado. Sin embargo, con lo que vamos a hundir las manos en el barro es con los cambios temporales y espaciales de la historia, y para ello vamos a necesitar recursos para...
En la wiki hay una definición breve de este concepto: Muestra, no cuentes.