La polarización e inversión
Darth Vader es un personaje cerrado y situado en un polo extremo. Es un arquetipo hasta que ese arquetipo se rompe en la resolución de su dilema final. Situar a un personaje en un polo hace que sea característico y único, al menos en la historia que estamos trazando, porque no suele funcionar hacer personajes parecidos a no ser que sean una dupla (como Merry y Pippin en El señor de los anillos).
Un personaje situado claramente en un polo es muy fácil de desarrollar. Solo hay que invertir su polaridad para desarrollar su arco de personaje. Al igual que Darth Vader consigue su redención, en impro podríamos por ejemplo dibujar un cazador que se haga vegano o un ladrón que devuelva lo robado. En una historia tiene que haber cambios. Después del planteamiento inicial tiene que haber un incidente que dispare el movimiento del personaje hasta su desenlace. Invertir la polaridad del personaje es una buena manera de conseguir esto.
Desde «La asinaria» de Plauto en tiempos de los romanos hasta «Este cuerpo no es el mío» del actor Rob Schneider pasando por «El príncipe y el mendigo» de Mark Twain, la inversión de roles funciona en cualquier dimensión y en cualquier momento. Ni siquiera hace falta un segundo personaje que haga el contrapunto. Funciona incluso mejor cuando el protagonista pasa de un polo a otro de una misma dimensión, o con alter egos. Es el pan nuestro de cada día en el mundo de los super héroes. Clark Kent y Peter Parker son unos pringados mientras que con las mallas puestas no hay quien los detenga. Todas las comedias de los 2000 de Rob Schneider («Estoy hecho un animal»), Adam Sandler («Click»), Sacha Baron Cohen («El dictador») y Jack Black («Escuela de rock») abusaron tanto de este y otros recursos parecidos que agotaron el género. No juzguemos al recurso por la calidad de estas películas, son solo un ejemplo. Buda Gautama pasó de ser un joven príncipe a un ermitaño y el éxito de su historia ha tenido cierto calado en la Humanidad. Lo de «El monje que vendió su ferrari» no es nuevo, ni es el primero, ni será el último.
En una historia, el paso de un polo a otro de una misma dimensión siempre funciona. Puede haber cambios de estatus, de roles, de emociones, de conducta, de desear algo a odiarlo, de verse triunfador a perdedor, de ser malvado a recibir su merecida justicia poética... Todo esto puede sembrarse en la plataforma y todo esto se puede crear a partir de una personalidad y un rol, pero hay que evidenciarlo, fijarlo y llevarlo hasta sus máximas consecuencias. Hay que integrar a los personajes en su propia historia, y la única manera de hacerlo es trabajar en equipo, entender estos códigos y que todo el elenco hable el mismo idioma.
Durante nuestro aprendizaje como improvisadores no podemos pretender hacer un arco de personaje como el de «El padrino» de buenas a primeras. Por eso comenzamos con formato corto. La comedia absurda de dos o tres minutos es para algunos más atractiva y rápida de aprender, más satisfactoria a corto plazo y más asequible. La pedagogía de la impro no se distingue de otras. Para correr antes hay que andar, y de hecho lo primero que se hace es caminar por el espacio para la...
En la wiki hay una definición breve de este concepto: Polarización e inversión.