Hacer que cada bala cuente
Si podemos decir lo mismo con menos palabras y de forma más sencilla, elijamos lo sencillo. Si recortamos un fragmento de nuestra impro y esta no pierde valor narrativo, ese fragmento no debería haber existido. Cada intervención o acción es una bala, y debemos hacer que cada bala cuente. Cada intervención debe añadir algo nuevo para hacer avanzar nuestra impro. En general, una obra larga y extensa siempre se arriesga a languidecer mucho más que una obra con muy pocas frases.
Cada sentencia de «Terminator 2» es una joya que profundiza en la psicología de los personajes y que volverá a tu cerebro una y otra vez sin que pueda despedirse diciendo «sayonara, baby». Breaking Bad tiene un guion en el que cada intervención modifica la dimensión de la escena. Los personajes pasan de la euforia de haber atracado un tren a observar atónitos a un testigo que los ha descubierto. Toda la serie es giro tras giro en segundos. En la otra cara de la moneda, apenas prestamos atención a las engorrosas explicaciones de las películas de «Avatar», que tratan en vano de esclarecer la excusa de su trama, porque son tan engorrosas y cambiantes que la gente ni siquiera recuerda cuál es el motor narrativo de la primera, segunda y tercera parte. Demasiadas frases y acciones, es decir, balas, para explicar algo sencillo que solo requiere una. Las historias más olvidables son las que más se alargan innecesariamente, y esto en nuestra impro es crucial.
Hay un ejercicio de entrenamiento en impro que ayuda a que aprendamos a meter el PROL en tres réplicas. No tienen por qué ser tres, pero de alargarse el diálogo de la introducción, podremos percibir cómo el público e improvisadores empiezan a sentirse incómodos, esperando que algo ocurra mientras ese algo no termina de llegar. El problema aparece cuando se suceden frases que no aportan nada nuevo y, sobre todo, en la dirección de plantar puntos de conflicto, objetivo, resolución o historia. Tan frecuente es en impro ver escenas enteras desperdiciadas que en cuanto pasan un par de intervenciones sin que nada ocurra se nos encienden las alarmas. Puede haber muchas otras, pero siempre y cuando en deportiva nos ciñamos a la fórmula de sentar la plataforma y seguir los puntos narrativos como si fueran migas de pan, la historia funcionará.
En impro, mencionar objetos o personajes irrelevantes, discutir, negociar, preguntar sin inducir la respuesta, saludar, presentarse, llamar por teléfono, llamar a la puerta, sobreexplicar, corregir al compañero, desechar su propuesta, negarla, impedir su acción, repetir información que el público ya conoce... Todo lo que considerábamos anteriormente que ralentiza o bloquea una impro son en realidad balas perdidas. La intervención de un improvisador... ¿planta algo, hace avanzar la historia, revela algo nuevo? Si la respuesta es no, quizás esa intervención es prescindible, y las intervenciones prescindibles son balas de fogueo que entorpecen el relato, menoscaban la dinámica de la impro y bloquean el ritmo.
Obras como «Battle Royale» de Takeshi Kitano*, «Los juegos del hambre», «El código Da Vinci», «El alquimista»* de Paulo Coelho o «Máquinas mortales» se caracterizan por su ritmo frenético, frases cortas, directas y ni un minuto que perder. Que cada frase de diálogo tenga contenido no quiere decir que haya que acelerarse ni que estemos en una cinta de acción frenética. El ritmo depende del formato. Sin embargo, es necesario que mantengamos siempre la postura, y que como improvisadores no mostremos nunca ansiedad, nerviosismo ni prisa en plantar. Hacemos cada propuesta con la calma necesaria. Si el personaje es enérgico, lo es el personaje, no el improvisador. Disparamos balas, aunque es mejor metáfora entenderlo como semillas que tuviéramos en un saquito. En una impro corta nuestras semillas son muy limitadas. Cada semilla que se planta se hace crecer para que otro compañero recoja el fruto, y de ese fruto se planta una nueva semilla. «Sí y además», aceptar, «sí a todo», plantar y recolectar... Haz que en tu impro cada semilla cuente, y planta algo útil que sea un regalo para el siguiente improvisador. Deja el balón botando a puerta vacía para que tu compañero remate el siguiente punto: un conflicto, una resolución, un objetivo, un chiste, el anuncio de un personaje, una revelación... Las semillas que plantamos y luego recogemos tienen también otra forma, el...
En la wiki hay una definición breve de este concepto: Economía narrativa.