Sí y además
Es preferible construir a partir de lo que nos ofrece el compañero. El público escucha a todos con la misma atención, y el foco pasa de uno a otro cuando interviene cada improvisador. La impro se parece a un juego por turnos en el cual cada interviniente hace una contribución. Sería algo así como jugar al ping pong. Si las contribuciones son breves, concisas y ricas en información narrativa, mejor. Después de que un improvisador agote su, en teoría, corto turno de palabra, debería ceder ese espacio al siguiente improvisador y continuar en silencio con su acción (la cual nunca o rara vez debería haber abandonado). Igualmente hay que ser paciente, escuchar, no precipitarse y esperar el turno. Algunos improvisadores caen en una verborrea interminable. Se pueden meter tantos elementos narrativos en una sola intervención como consideremos. De hecho, existen entrenamientos en las clases de impro para asentar la plataforma en dos o tres intervenciones cortas, pero no deberíamos soltar una parrafada infumable para el público. Cuanto más breves y densas (mayor cantidad útil de información narrativa por frase) sean nuestras intervenciones, mejor. Con introducir un par de elementos como el lugar y quiénes somos en dos frases, deberíamos darnos por satisfechos. El otro improvisador estará esperando su turno para aportar, si nos extendemos y caemos en monólogos, sobreexposiciones, planificaciones..., notaremos seguramente que el compañero mete amablemente una cuña para cortar nuestra verborrea y redirigir la impro hacia la acción dramática.
Gracias a las intervenciones por turnos, un improvisador puede aportar una idea, y en su turno, el siguiente improvisador la aceptará, reaccionará a la misma y hará su contribución tomando como base la primera. «Sí y además» es escuchar, reaccionar, aceptar, crear e integrar la nueva propuesta con todo lo anterior, avanzando la historia hasta llegar al clímax.
Pongamos un ejemplo. Un improvisador inicia la escena dibujando un microscopio en el espacio. La propuesta es clara, guiña un ojo, mira hacia abajo por un tubo y manipula dos ruedines laterales que en su imaginación acercan y alejan la imagen. Acto seguido va a abrir un armario. Un segundo improvisador, antes de proponer nada nuevo, se acerca al microscopio que ahora todos visualizan, mira por él y cambia de su rendija la placa de petri por otra de una caja que abre. Sí, hay un microscopio, y además hay placas de petri guardadas que se pueden intercambiar. «Estos microscopios del laboratorio tienen una capacidad de aumento asombrosa, doctora Andrea». En una frase se ha plantado el lugar y también le ha impuesto un rol al otro improvisador. Igualmente faltarían muchos elementos de la plataforma que el otro improvisador puede plantar (relación, personaje, conflicto y objetivo). «Esto es increíble, ayudante, los gérmenes están aumentando, cada vez son más grandes». Sí, hay un microscopio, y además aumenta no solo la imagen, sino físicamente, el objeto que enfoca. Con esto introducimos un elemento extraordinario en un mundo ordinario. Sí, esta improvisadora es la doctora, y además la relación entre ambos es la de ayudante y doctora. Es una relación que incluye una jerarquía, y en toda jerarquía hay una diferencia de...
En la wiki hay una definición breve de este concepto: Sí y además.