La lengua secreta de… la impro deportiva · Manual

Preguntar y decir ni «no» ni «pero»

Prohibir a los improvisadores preguntar, decir «no», «pero» y sus sinónimos es una exageración. Se enseña los primeros días y con el pasar de los años aún hay muchos improvisadores que piensan que no se puede preguntar o decir las palabras «no» o «pero» en impro. Y no es que no se pueda, es que a veces es incluso necesario si lo exige la historia. Lo que sucede es que ponerle peros a la propuesta de un compañero suele ser una negación, un bloqueo o una ralentización, pero depende del caso.

Paradógicamente, hay incluso una escena en la estructura clásica del viaje del héroe de Joseph Campbell en la que el protagonista directamente rechaza la misión. Luke Skywalker no «niega» lo que le plantea Obi One Kenobi. Tampoco corrige las bases de la realidad que le expone. No dice «pero si El Imperio es bueno, Obi One, nos ha traído democracia y bienestar a todos los ciudadanos de la galaxia. Ahora tenemos Seguridad Social». El héroe siempre dice algo como «no estoy preparado» o, al igual que en «Rogue One», «it’s a paceful life». Esta frase, «es una vida tranquila», se ha convertido en meme, y se refiere a que el héroe quiere seguir su vida en la aldea en vez de matar al dragón. Estrictamente hablando, el personaje no niega la propuesta, la bloquea. Si hacemos algo como esto en impro, tiene que estar justificado, y además la persona que rechaza tiene que proponer una alternativa de forma inmediata. «Antes de destruir el anillo necesitaré una cota de malla de mithril, Gandalf», «antes de enfrentarme al señor del fuego tengo que controlar los cuatro elementos, Katara», «mientras no les pase nada malo a mis tíos, estaré en mi granja, Obi One»... Vaya, en esta última alguien ha llamado a la catástrofe, espero que nadie le queme la granja al bueno de Luke y le obligue a salir de la introducción para entrar en el nudo de la historia.

Si no hay conflicto, un «no» puede establecerlo. Si vamos a conseguir nuestro objetivo demasiado pronto, un «pero» puede establecer una fuerza opositora o promotora que amplíe el nudo antes de llegar al desenlace. Por ejemplo, el lacayo dice: «Majestad, hemos conquistado Badajoz», y su majestad responde: «pero no hemos conquistado sus corazones, sugiero que cocinemos carrilleras para todos» plantea un conflicto y su solución. «Pásame la pintura roja para terminar el cuadro», «uf, pues para terminar el cuadro tenemos que ir primero a la biblioteca de la abuela a estudiar un libro de bellas artes», es una aceptación, pero también una corrección tan potente que es una negación o un bloqueo, y como se alargue eso de estudiar un libro va a ser una ralentización... pero da igual que dejemos ahí ese «no» o que lo quitemos; el significado de la frase no cambia.

Lo mismo sucede con las preguntas. Es cierto que hay que saber hacerlas. Si una pregunta no añade valor, entonces ralentiza, porque en el mejor de los casos el que responde se ve obligado a corroborar algo que el público ya sabía, cayendo en una redundancia, o afirmar algo irrelevante. «¿Esto es Barcelona? Uala, ahora solo tenemos que conseguir el calçot legendario» es perfectamente válido, y es lo mismo (de hecho puede sonar más orgánico) que «Esto es Barcelona. Ahora solo tenemos que conseguir el calçot legendario». Las preguntas retóricas o autoconclusivas son aquellas de las que no se espera una respuesta, así que son afirmaciones encubiertas. Además, existen preguntas que contienen muchísima información y cuya respuesta es tan obvia que en realidad está contenida en la pregunta. Y como ya hemos comentado, algunas preguntas se lanzan para que su compañero le siga el juego. «¿De verdad papá quería que nos colásemos en el despacho de la tía para robarle su cajita de música?» es una pregunta, ha creado antecedentes y encima tiene todo el PROL en una frase. Por último, invita a introducir lo poco que queda por plantar, que es el conflicto.

Se puede preguntar, lo que está contraindicado es delegar la responsabilidad de la creación en el compañero porque a nosotros no se nos ocurra nada, e igualmente esto es discutible. Si nos acercamos a otro improvisador y le decimos «ha llegado esta carta para ti, ábrela», el otro improvisador aceptará que es una carta, reaccionará a ella con una emoción, la pintará en el espacio abriéndola... pero seguramente espere elegantemente a que le digamos qué contiene, porque va a pensar que tenemos una propuesta clara en mente y no nos la quiera pisar. No obstante, existe un recurso que se llama oferta ciega que consiste en hacer una aportación vaga, incompleta y misteriosa que entre los dos improvisadores se encargarán de ir completando, pero suele ser más propia de largo formato.

Podemos decir lo que nos dé la gana en impro, porque estamos construyendo un guion, y los mejores guiones y diálogos por supuesto que tienen todas las palabras del diccionario y todas las preguntas que hagan falta. Lo que está contraindicado es caer en la negación de la propuesta del compañero y bloquear la historia de manera gratuita. De hecho en la impro no hay prohibiciones ni normas, solo consejos, y si hubiera normas y por el bien de la historia hace falta saltárselas, nos las saltamos. En resumen, los improvisadores somos guionistas, y los buenos guiones tienen de todo en su contenido, pero se aconseja que sigan una serie de directrices y de estructuras para que funcionen. Si hay problemas en el elenco con todas estas negaciones, bloqueos y ralentizaciones, una de las grandes directrices de la impro es decir...

En la wiki hay una definición breve de este concepto: Preguntar.