La lengua secreta de… la impro deportiva · Manual

Objetivo in situ

No hay nada mejor para avanzar una historia que tener un protagonista y un objetivo. In situ quiere decir en el lugar, así que supongamos que queremos hacer una impro sin movernos de donde estamos. No hay viaje, cambios de espacio ni medios de transporte. Puede que el conflicto aparezca por un desencadenante externo, pero la solución terminará por encontrarse en el lugar y momento presentes.

Pongamos un ejemplo. Dos improvisadoras couchean que serán coleccionistas de sellos que están de visita en la Central Nacional de Correos. Entran en escena. Una está mimando un buzón de correos y otra pegando sellos en su álbum. «¡Qué raros son los buzones de la Central Nacional de Correos. Llevo ya un rato y no hay manera de abrir este buzón interprovincial». «Eres nueva en la Asociación de Coleccionistas de Filatelia, Ruperta, pero las ancianas coleccionistas filatélicas sabemos que ese buzón es de los noventa, y que se abre solo con un sello de los noventa de noventa pesetas. Creo que tengo uno en mi álbum...». «¡Ese, justo ese, Roberta! ¡El que tienes en la mano, el de Madonna! Déjame probar». «¡Ay, no, novata...! Acabas de bloquear el buzón. El sello de Madonna es de ochenta de los ochenta, no de noventa de los noventa. Cuidado que al tercer intento se bloquea del todo». «Tenemos que abrirlo antes de que cierren la Central, venerable catedrática, quiero enviarme una carta a mi yo de los noventa, cuando era niña, para que no venda su colección». «Excelente, Ruperta. Saquemos el sello de una postal de noventa de los noventa. Hay muchas en los archivadores».

Hasta aquí tendríamos una plataforma que nos daría para desarrollar una historia. Las dos improvisadoras habrían marcado que son miembras de una asociación de coleccionistas de sellos, una veterana y otra recién llegada, están en la Central de Correos, una está intentando abrir un buzón de correos de los años noventa para mandarle una carta a la niña que era en los noventa y otra busca sellos en su álbum. Tenemos el PROL, el conflicto, status, urgencia, amenaza, actividades y objetos. No nos importa que las normas de este universo sean distintas a las de nuestro universo. No nos importa que la historia no sea verosímil de acuerdo a cómo funciona nuestro mundo. Nos importa que sea coherente con lo que se está marcando mientras ese nuevo universo se está creando. Ninguna de las dos improvisadoras ralentiza o detiene la impro para sorprenderse, preguntar o aclarar por qué un buzón se abre con un sello o por qué se bloquea sin el sello correcto. No nos paramos a explicar o debatir porque la impro no se detiene ante nada; mucho menos ante el absurdo.

A partir de aquí, la historia puede desarrollarse. Si las improvisadoras hubieran abierto el buzón con el primer sello, el conflicto se hubiera arreglado a la primera y o bien le hubieran tenido que dar un final prematuro a la impro o bien se hubieran tenido que inventar otro conflicto, cosa fácil dado que el objetivo final es enviar una carta. Lo que ha hecho la improvisadora que representa a la catedrática es poner un obstáculo (un nuevo conflicto) cuando ha dicho que el buzón se ha bloqueado porque el sello era de una década diferente. Es una buena práctica que la misma improvisadora que ha propuesto el obstáculo proponga la solución, es decir, el objetivo intermedio para arreglarlo. Este objetivo, en impro deportiva, siempre ha de ser una acción que los improvisadores resuelven con una actividad física. El sello del álbum era de los ochenta, y ante el riesgo de bloquear el buzón, tienen que buscar en los archivadores el sello correcto.

Como el supraobjetivo es enviar una carta, podemos crear una historia, cualquier historia, poniendo en la trama puntos de misión u objetivo, puntos de obstáculo, puntos de resolución y puntos de historia. Una vez propuesta la plataforma, solo necesitamos un objetivo final o supraobjetivo. A continuación se establece un objetivo intermedio, se crea un obstáculo y se propone una solución para ese nuevo obstáculo. Podemos intentar arreglar el nuevo problema una, dos o tres veces. Más de tres provoca hartazgo en el público por repetición. Cuando se solucione, solo tenemos que seguir el mismo esquema. Se propone otro obstáculo u otro objetivo intermedio, se intenta solucionar, etcétera. Jugando a poner objetivos y obstáculos se puede construir cualquier historia mientras mantenemos al público enganchado. Este sencillo diagrama podría resumirlo:

Imagen del manual

Las acciones de los personajes afectan a los personajes y al mundo que les rodea. Además, lo hace en el mismo lugar en el que se encuentran y en el momento presente. Si en impro deportiva nos liamos a hablar de lugares en los que los personajes no están y en otros personajes que tampoco están en escena, perdemos el momentum de la acción, y se entiende que estamos plantando esos elementos para saltar a los mismos con carácter inmediato. Si queremos que todo ocurra in situ, todo debería ocurrir en el aquí y el ahora.

Cuando las improvisadoras vayan a los archivadores en busca del sello, podrían encontrar que los sellos de los noventa están llenos de pegamento (obstáculo) y que necesitan vapor para desprender el sello de una de las postales (objetivo). Para obtener el vapor necesitarán usar la máquina de café. Cuando tengan el sello, podrían descubrir que el sello solo es de veinte, así que tendrán que unir varios hasta alcanzar el valor de noventa. Pero de pronto se darán cuenta de que el sello final está seco, y que hay que lamerlo para poder adherirlo al buzón. Si consiguen abrir el buzón, tendrían un mini clímax antes de encontrarse con que les falta el sobre, el papel o la tinta para escribir la carta. Ello si es necesario completar el tiempo que ha de durar la escena, hasta que nuestro reloj interno nos dé la señal de que podemos ir terminando la impro. Hay una regla no escrita de que después de la introducción, dos o tres subtramas son suficientes para llegar al clímax y por tanto al fin de la impro. Lo que queramos alargar la historia con este método ya dependerá de nosotros.

A una resolución le seguirá siempre un nuevo conflicto y un nuevo objetivo. Todo lo que necesitan para seguir tejiendo la historia está en el universo que han creado, concentrado en la sala de esa Central de Correos que se va construyendo según transcurre la impro. En el espacio habrá más sellos, membretes, tinta, paquetes, giros postales... Siempre nos podríamos ceñir a un universo meramente realista, pero por qué hacerlo pudiendo explorar el infinito. Las improvisadoras pueden descubrir cualquier cosa sobre la marcha. Los objetos podrían tener propiedades extraordinarias. No solo el buzón de su época se abre con el sello con el valor de su época. Los timbres postales podrían ser timbres como los de las puertas, que puestos en los archivadores permitirían abrirlos y abrirse a otras décadas. La carta se podría escribir no con tinta, sino plasmarse literalmente con los recuerdos de Ruperta de cuando era una niña durante los noventa. Recordemos que una herramienta de la impro es la de materializar cualquier ente abstracto.

De todas formas, ni es cuestión de ser ingenioso ni hace falta serlo. Si un lugar está conectado con los personajes, estará lleno de objetos que podremos utilizar. Todo estará integrado sin siquiera esforzarnos, y objetivos intermedios darán lugar a más obstáculos y más objetivos perfectamente justificados. Todo el mundo tiene un mapa conceptual en su mente con un imaginario relacionado con un lugar, una profesión, un objeto... Solo es cuestión de ir tirando del hilo, encontrar algo en el espacio que habitamos y sacarle su defecto natural: el buzón es solo municipal y necesitamos convertirlo en uno nacional; la carta no tiene dirección postal y hay que buscarla en la guía; el sello no tiene valor y hay que pegarlo a un billete para dárselo; la postal no tiene una bonita estampa de un lugar vacacional y hay que pintarlo... Cualquier cosa puede estar incompleta, rota, necesitar un reajuste, tener un elemento que sobra y que hay que quitar o necesitar un componente extra que hay que poner.

Un pequeño apunte. Tampoco nos obliga nadie a sacar únicamente objetivos y conflictos plenamente relacionados. Hay que tener también cuidado con la autoexigencia y la autocensura. Es mejor sacar cualquier objetivo y cualquier conflicto a que ningún miembro del elenco saque nada. Es mejor tener una trama principal y subtramas que no tener ninguna. No importa qué trama de qué obra narrativa analicemos. Si la historia no tiene una trama, entonces no es una historia narrativa; es lo que Robert Mckee definió como una antitrama. Podrá ser una acción perfomática magnífica, podrá ser una sucesión de escenas costumbristas que nos haga reflexionar sobre la realidad en la que vivimos, podrá ser una obra visual conmovedora, pero no será una historia narrativa porque en ciertas obras no hay una narración, hay expresión artística en la que el espectador sacará sus propias conclusiones.

Encontrar solo objetivos y conflictos externos puede parecer superfluo, pero de forma orgánica, gracias a este esqueleto, siempre aparecerán ideas interesantes. Los improvisadores no tienen más que entrenar la técnica de la impro y confiar en la construcción de la historia. Además, aparte de los puntos de objetivo y puntos de conflicto, hemos mencionado que hay también...

En la wiki hay una definición breve de este concepto: Objetivo in situ.