La lengua secreta de… la impro deportiva · Manual

Negación

Hay algo que por desgracia para la impro hace estallar al público en carcajadas. Dejar a alguien en evidencia parece ser gracioso, pero como nuestro objetivo no es hacer reír sino conseguir la inmersión, esto en términos narrativos es un pecado capital.

Un improvisador está en el escenario, mima con sus manos una mesa, las sillas, el florero, los platos, los candelabros encendidos..., y entra un segundo improvisador que sonriente atraviesa el espacio donde debería estar la mesa como si fuera solo aire. El público ríe y quiere más, pero el costo de las risas se traduce en que todo lo que había mimado el compañero queda destruido. Hay que volver a empezar de cero y no es solo que la historia no haya avanzado, es que ha retrocedido volviendo a la nada. Hemos perdido el valioso tiempo escénico en hacer y deshacer solo para conseguir el chiste fácil. Lo peor es que el compañero se ve ahora obligado o bien a crear una segunda idea (cuando a lo mejor la primera se adecuaba mejor a la historia o al estímulo del público), o bien a aceptar una nueva propuesta venida de la mano de un improvisador que impone la suya a base de destruir el trabajo de los demás solo por ego o por hacer reír.

La destrucción de la propuesta de un compañero es lo que se conoce como negación. Lo más común en los que están empezando a improvisar es caer en faltas de escucha, no plantar un PROL y la manía de llevarle la contraria a sus propios compañeros. Es cierto que las más obvias son las negaciones en las que directamente el improvisador se niega literalmente a seguir la propuesta de su compañero, pero hay más variantes igual de destructivas. En realidad el concepto de la negación no es ni negar ni decir la palabra «no»; es desechar, ignorar, desdeñar, no reaccionar, pisar, desviar, aparcar o romper la propuesta de otro improvisador.

Se pueden negar todos los elementos que podemos plantar en una escena: objetos, atmósferas, lugares, conflictos, objetivos, roles... Basta con que un improvisador niegue la realidad que está comunicando su compañero. Es muy común en los primerizos, y quizás esto sea lo primero a corregir en una impro que no va a ninguna parte. En la mayoría de los casos se da o bien que alguien quiere ser más original que el compañero o bien que le ha faltado escucha. Vamos a ver algunos ejemplos que no sean una negación simple destructiva del estilo «hemos llegado a Roma», «qué dices, Irene, si estamos aún en la estación de tren de Zaragoza»; «estas serán las flores y la iglesia para nuestra boda», «si solo le he preguntado la hora, señora»; «¡el coche está en llamas!», «vaya, menos mal que lo vendí ayer»; «mira, he hecho un castillo de arena, ¡me encanta la playa!», «deja de jugar con la arena del gato y termínate las judías, Pilarcita»; «el nuevo virus acabará con todo», «llevas fatal los resfriados, José Manuel»; «este es mi gran invento, el transponedor de materia», «menuda forma de llamar al desatascador, Alejandra»; «¿ha llamado usted a un electricista?», «sí, fíjese, ¡lo he arreglado yo solo!», etcétera.

Como hemos visto, algunas negaciones aparecen porque un improvisador intenta ser original en exceso cuando en realidad todo el material para hacer una buena impro está ya plantado. Veamos un ejemplo como los anteriores pero un poco más detallado. Llega un improvisador y dice «perdemos al paciente. ¡Enfermero, bisturí!». Intuimos que está proponiendo ser el cirujano que opera en un quirófano. Ahora, entra en escena otro improvisador y suelta el tópico: «¡abuelo!, ¿pero quiere dejar de jugar con la langosta y comerse su cena de Navidad? Ande y tómese la pastilla». Técnicamente todo es coherente y ha habido escucha, y sin embargo, toda la imagen que tenía el público de un posible quirófano ha quedado aniquilada. Esto es una negación en la que se aparca la propuesta del compañero en un rincón tan lejano de la realidad (la mente senil del anciano) que es imposible de recuperar. Sería todavía peor si el primer improvisador se tomara la revancha y dijera algo como «Jacinto, déjate de bromas, que tenemos que operar», llevando a una infructuosa lucha de egos mientras el público se desternilla de la risa.

Hay muchos tipos de negación que son especialmente elaborados y dañan igualmente la historia. El ejemplo anterior entra dentro del manido recurso narrativo «todo ha sido un sueño». Está tan manoseado y es tan odiado que casi se considera un error incorporarlo. Hay ejemplos célebres que han causado bastante mofa, como el actor Antonio Resines despertando en el último capítulo de «Los Serrano» o el último episodio de «Perdidos» dando el cierre a su última temporada. La serie de «Perdidos» es por cierto un ejemplo de negación tras negación en sus últimas temporadas. Si fuera una impro, veríamos a los improvisadores plantar piezas que prometen un clímax narrativo pero que al final quedan en nada, olvidadas en una miríada de propuestas sin sentido. La isla tiene de todo: cura inválidos, hay un zoo, un naufragio de una carabela, un monstruo de humo, un globo aerostático estrellado, un poblado con «los otros», un búnker con una cuenta atrás... A esto se le llama «demasiado mazapán», y es cuando incorporas tantos elementos fantasiosos que el público ya ni se acuerda de cuál fue el primero que se plantó. De hecho no tiene por qué darse solo en fantasía. Si Luke, criado por sus tíos, es el hermano de Leia que es la hija de Darth Vader que es también *«*padre» de los droides C3PO y R2D2 y cuyo nieto será hijo de Han Solo y Leia y líder de El Imperio y... llegados a este punto, quizás, George Lucas, creador de la saga, quizás, se pasó un poco de frenada con las relaciones y esto no hay quien se lo tome en serio.

Las negaciones que más me sorprenden son las afirmaciones que borran de un plumazo el conflicto u objetivo incluso antes de generarse. Recuerda que una propuesta es una intención, y en impro tenemos que ser capaces de leer intenciones, o al menos, de saber qué es lo que más le conviene a la historia. Si la intención de nuestro compañero es dirigir la impro en una dirección, podemos caer en una negación incluso si literalmente afirmamos lo que está diciendo; basta con negar la intención de nuestro compañero. Volvamos por ejemplo al recurso de «llamar a la catástrofe», que nos viene muy bien para este caso. Dos improvisadores van en coche a una boda. Uno dice: «estoy segura de que Juan se acordó de echar gasolina». Afirmar esto sería «sí, estoy seguro de que Juan se acordó de echar gasolina». Entonces, la impro continuaría exactamente igual a como estaba. No ha habido ningún cambio de valor, no ha pasado nada y las frases dichas han sido un desperdicio porque no han servido para nada. Lo peor que le puede pasar a una historia es eso, que no ocurra nada, que no sea interesante y que los elementos plantados sean una pérdida de tiempo. Da lo mismo haberlos puesto ahí o no porque no han valido para nada. El público no es nada benévolo, en cuanto se acumulan uno o dos elementos que no aportan ningún cambio o valor a la historia, entonces desconecta y el aburrimiento se palpa en el ambiente. Si no hay un conflicto u objetivo claros después de haber plantado los personajes, la relación y el lugar, entonces es posible que un improvisador empiece a decir en voz alta, directa o indirectamente, que falta algo, algo se ha roto, hay que ir a algún sitio a por algo, necesito algo, etcétera. Y es posible que haya que soltar un rotundo «no, no tenemos ese algo y hay que ir muy lejos a buscarlo».

Ya veremos cómo establecer conflictos. Es un tema que daría para un tratado entero de impro. Eso sí, como nos dediquemos a ponerle pegas a todo lo que propone el compañero, o a soltar por doquier todo lo que no hay, falta o se ha roto cada vez que nuestros personajes quieran ir a por el desafío, entonces corremos el riesgo de...

En la wiki hay una definición breve de este concepto: Negación.