La lengua secreta de… la impro deportiva · Manual

Cruce canadiense

Hay cambios que son como el conejo blanco: el improvisador entra, deja una propuesta y se va. Esta entrada y salida rápida se llama cruce canadiense. Es una técnica muy potente para desatascar escenas a las que les falta un pequeño toque para evolucionar. Puede ocurrir que la escena no se haya agotado porque los improvisadores no han encontrado el conflicto ni el objetivo, pero un improvisador tiene en una sola intervención la clave para seguir avanzando. No hace falta barrer ni cambiar todo; el improvisador detecta que con tan solo introducir un elemento la escena fluirá por sí sola. Si por ejemplo dos improvisadores se encuentran con un puente caído, una improvisadora puede llegar con una cuerda, dársela e irse. Se puede utilizar para todo, por ejemplo para arreglar rápidamente un tropiezo narrativo. A veces sucede que un personaje marca el supraobjetivo, y el compañero, sin darse cuenta, lo pone tan al alcance de la mano que la impro podría terminarse en pocos segundos. Con una aportación fugaz, un improvisador que entre desde el banquillo puede aportar cualquier cosa, ya sea una ayuda (un objeto, una herramienta, un animal, información, la técnica para reparar algo...) o una dificultad (rompe algo, informa de una imposibilidad, planta un conflicto intermedio, aleja el objetivo para estirar la historia y proponer un viaje al protagonista...). Este es un tipo de cambio concreto que puede encauzar o arrancar el motor de la historia, y no hace falta borrar la escena entera.

Las impros con conflictos y objetivos in situ no son muy habituales. Es cierto que puede ser una metodología interesante cuando el juego o formato nos atan al lugar, pero hay que reconocer que en impro deportiva lo más efectista es el viaje. El viaje es una apuesta casi segura en impro deportiva. Es mucho más fácil para los improvisadores llevarlo a cabo, mantiene la inmersión del espectador y su sola presencia ya sirve de arranque y motor para el resto de la historia. Solo hay que mover a los personajes de un lugar a otro. Primero, buscando una excusa narrativa coherente para hacerlo, y segundo, ejecutándolo de una manera teatralizada. Esto quiere decir que debemos seguir el hilo de la historia plantando el siguiente objetivo al que se dirija el protagonista, y de seguido escenificar que ha pasado el tiempo, hemos viajado del punto A a B y ahora estamos en otro sitio. Es decir, que ha habido una....

En la wiki hay una definición breve de este concepto: Cruce canadiense.