Abajo el periscopio, preparados para la inmersión
Estás sentada en una sala disfrutando de la obra y te tiene enganchadísimo. Has conectado emocionalmente con los personajes, la ambientación y la historia. Estás metida de lleno en la trama de la película, el libro, la escena de teatro... y de repente algo sucede en la obra que te saca de la ficción y te devuelve a la dura realidad de tu butaca. Esta sensación la hemos vivido todas como espectadoras. Cuando el mundo a nuestro alrededor desaparece y sentimos más la obra que a nosotras mismas, experimentamos lo que se llama inmersión narrativa. El efecto contrario es la desconexión o ruptura de la ficción. Más poéticamente, también se suele decir que se rompe la magia, sobre todo en teatro. Si haces impro, seguro que sabes de lo que estoy hablando.
Hay una frase de un capítulo de Padre de familia que lo explica muy bien. Peter Griffin está viendo una obra y dice en voz alta: “es que no consigo olvidarme de que estoy viendo una obra de teatro”. La obra no consiguió vincular a Peter y atraparlo dentro de la magia del teatro. En otro capítulo de Los Simpson, Lisa y Bart están viendo por la tele los dibujos animados de dos enmiendas que de pronto se ponen a cantar. Bart se vuelve indignado y dice “pero qué puñetas es esto”.
Una obra narrativa debería ser inmersiva, y para serlo, en primer lugar tiene que generar tensión dramática, y cuando lo hace, decimos que la obra engancha. Así que perfecto, ya tenemos dos tareas en teatro de improvisación: generar tensión dramática y sumergir a nuestro público dentro de la historia que estamos contando. ¿Y cómo hacemos eso sin preparar nada? Bueno, pues ponte cómoda, porque todo este manual es una respuesta a esa pregunta. Para empezar, como las improvisadoras somos actrices, guionistas y directoras sobre la marcha, vamos a ver cómo se construye una historia improvisada desde cero, y como bien sabrás, toda arquitecta tiene un plano. Manos a la obra y...
En la wiki hay una definición breve de este concepto: Inmersión.