La lengua secreta de… enseñar impro · Un manual para enseñar y aprender teatro de improvisación

Todo profesor debe ser también un buen alumno

Como profesor debes estar en formación contínua. Ve a cursos, talleres y festivales. No puedes pedir a tus alumnos que sean estudiantes modélicos si no sabes muy bien el significado de lo que eso supone o si no sabes cómo facilitar que ellos lleguen, en la medida de lo posible, a serlo. Así que, como alumno:

En clase

No entres en discusiones, aunque no estés de acuerdo. Una pregunta o una aclaración es lo máximo; las discusiones y las preguntas que dan vueltas ralentizan y bloquean la clase. No protestes cuando te corrijan en una escena: haz lo que te dicen, aunque no estés de acuerdo, y no expliques por qué hacías lo que hacías, ni que estabas a punto de hacer justo lo que te han señalado.

Trabaja para la historia: a lo mejor te toca hacer de arbusto. No seas competitivo, no impongas tus ideas, no busques el chiste en lugar de la historia, ni la gracia fácil con juegos de palabras o rimas. Escucha: si no estás en el ahora es porque estás escuchando la voz de tu cabeza. Evita el lenguaje malsonante, el racismo, el machismo, la xenofobia y la gordofobia. Si aparece durante la impro y tú lo has facilitado, simplemente intenta encauzarlo. Si no se puede encauzar, puedes comentarlo de manera natural.

Contigo y con los demás

No juzgues tu impro ni tus capacidades, y menos las de tus compañeros. No te compares ni compares, y no señales la supuesta falta de habilidad de nadie. Sé constructivo contigo: puedes pensar en apuntarte a un taller de personajes, pero no te machaques porque se te van los acentos. No hables mal de las clases, del profesor o de los compañeros fuera de clase, ni aproveches esos espacios para organizar cambios a espaldas del docente.

Fuera de clase

Lee libros de impro y de teatro. No te quedes con un solo profesor, ni siquiera con una sola escuela.

Tus bloqueos son tuyos

Eres responsable de tus inseguridades, miedos y bloqueos. El profesor te puede dar consejos, pero no es psicólogo ni es su responsabilidad. Si detectas una fobia o un problema bloqueante, no te avergüences o no te prives por orgullo de buscar un psicólogo; si tienes bloqueos o inseguridades, infórmate sobre ellos y, si hace falta, pide ayuda profesional.