La lengua secreta de… enseñar impro · Un manual para enseñar y aprender teatro de improvisación

Corregir y acompañar

Corregir según el nivel

Se corrige según el nivel del grupo. Al principio se habla de forma más general y se usa el sándwich; según avanzan, se puede ser más directo. Se valora la impro, no si la persona es válida o más o menos hábil. Se habla siempre de lo que se ha hecho, no de la persona: nunca «es que siempre haces…».

En las primeras clases de iniciación puede bastar con poner el foco en lo que funciona, sin señalar ni personalizar. A partir de unos seis meses debería empezar alguna corrección: enumerar lo que ha funcionado y lo que no. En avanzado, eso no basta.

El sándwich

«Ha sido genial A. También se puede hacer, y nos beneficia, X. Y qué bueno ha sido B.» La corrección va en medio y en genérico.

Corregir dando alternativas

En vez de decir «esto está mal», ofrecer otra forma de hacerlo. Se puede corregir parando la escena, durante la escena con pequeños elementos que hay que incorporar, o al terminarla.

Hablar en genérico

Hablar en plural, o desde el «aquí lo hacemos así, en otros sitios es diferente». Nunca hablamos del alumno, como mucho de lo que se ha hecho en clase. No decimos nombres ni señalamos.

Mismo comportamiento, distintas causas

Un improvisador puede pisar a otro por ansia de meter un chiste, por falta de escucha o por exceso de planificación. La corrección depende de la causa, las circunstancias y el contexto.

Regalar construcciones

Enseñar a regalar al compañero lo que necesita: si no tiene una acción, darle una herramienta; si no tiene personaje, llamarlo por una profesión. Apoyar y construir la escena juntos.

Acompañar a los noveles

Tres herramientas para cuando en escena hay alguien que está empezando. La sugerencia disfrazada de pregunta: dos policías, «¿robamos el dinero incautado o vamos a por los ladrones?». Convertir al novel en protagonista. Darle objetos, objetivos o acciones para hacer.

Clima de grupo

Ser proactivo con el compañerismo, la cooperación y la cohesión, con cero competitividad. Corregir la violencia, el lenguaje malsonante, el racismo, la xenofobia o la gordofobia, y enseñar a sortear lo escatológico, lo sexual y lo violento. Dar herramientas para parar una impro desde dentro o salir de una situación incómoda.

Diversidad

Puede haber alumnos con movilidad diferente: quizá alguien no puede tirarse al suelo, pero puede agachar la cabeza. Si alguien tiene algo diferente, se le invita a usarlo en escena si quiere, por ejemplo haciendo humor sobre sí mismo.

Discrepancias y conflictos

Como docente, no entrar en discusiones: «aquí lo hacemos así; sé que funciona porque lo he visto, otras formas pueden funcionar o no, y para eso están los laboratorios». Ser constructivo, amable y correcto, sin perder los papeles ni confrontar. Si un alumno plantea a solas un problema y crees que no tiene razón, no lo confrontes: escucha, asiente y usa técnicas de negociación y persuasión, como tomar nota para el curso siguiente. Hay que saber manejar a alumnos que se quejan, e incluso una rebeldía de toda la clase. Se puede comprobar de vez en cuando cómo va el curso si se intuyen problemas, pero no por sistema, para no crear un ambiente negativo.

Bloqueos a lo largo del aprendizaje

El primer día, mucha gente dice que no puede, que no vale, qué vergüenza… y a la tercera clase está haciendo de animal y todo el mundo se ríe. En el segundo año, con más conciencia de la teoría, aparecen los juicios y las inseguridades. Muchas veces la persona no quiere consejos, solo desahogarse: hay que escuchar, dar un consejo breve, que es lo que se espera de nuestro rol, y aceptar que probablemente se está cargando o culpabilizando sin razón. A veces alguien con años de práctica siente que ha tocado techo; esa frustración suele diluirse con el tiempo.