Una estructura invisible y un código
Cuando improvisamos, existe entre nosotras, las improvisadoras, un pensamiento común, una mente colmena, una malla de ideas interconectadas, unos acuerdos implícitos, un marco de referencia compartido, una estructura, una microcultura, una idiosincrasia... Digamos que las improvisadoras hablamos la lengua secreta de la impro. Es una lengua que el público no puede hablar, pero cuyo significado entiende perfectamente. Nosotras vemos el mago detrás de la cortina de Oz; el público, la cabeza flotante. Este idioma único se forma en los entrenamientos previos, en la propia técnica de la impro heredada de los maestros, en sus herramientas y en las estructuras previas que las improvisadoras hayan establecido.
Seguir las pautas de la introducción, nudo y desenlace es el lenguaje narrativo universal que tenemos para entendernos entre las improvisadoras y para hacerle entender al público la historia que queremos contar. Dividir el cuerpo de una historia es el primer paso para entender su esqueleto.
En impro, a estos esqueletos, mapas o estructuras los llamamos formatos, y gracias a ellos tenemos los planos para construir un edificio o un puente, una comedia o un drama. La ausencia y falta de consensos previos como estos provocan muchas veces piezas sueltas que no terminan de encajar.
Es por eso que un formato es una suerte de mapa que permite avanzar la historia hasta el siguiente punto de manera coherente e integrada. Si pasamos por todos los hitos marcados por una guía, difícilmente nos perderemos nosotras como improvisadoras o perderemos al público como espectador. Acordar la existencia de la introducción, nudo y desenlace es también acordar la existencia de una estructura, pero está tan arraigada en nuestra cultura que simplemente la obviamos. Sin embargo, como la damos por hecho, cuando no está presente, incluso improvisadoras expertas son incapaces de señalar lo dolorosamente llamativa que es su ausencia.
Así que sí, en efecto, acordar la existencia de la introducción, nudo y desenlace es también acordar un formato. Por poner un ejemplo, diseñar un largo formato de una hora donde solo haya desenlaces podría ser una estructura artística válida, pero después de la confusión inicial, es posible que el público desconecte y nunca se implique emocionalmente en las historias al entender que la sucesión de escenas inconexas que contempla no van a ser desarrolladas.
Antes de subvertir el arte del teatro, al igual que Picasso dominó lo clásico antes que lo vanguardista, las improvisadoras deberíamos poder establecer las bases de la primera escena y continuar la historia hasta su resolución como un todo sólido y constante. Si ya llevamos un tiempo improvisando, deberíamos ser capaces de crear una primera escena introductoria con unos personajes, una relación entre ellos, un lugar, un conflicto y un objetivo claro para los protagonistas, un desarrollo de lo plantado y un final acorde al mismo. La suma de los elementos mínimos para comenzar una escena fue bautizada con el nombre de plataforma, porque es donde sustentamos los cimientos de lo que construimos después. Esta, se construye durante la...
En la wiki hay una definición breve de este concepto: Código.