La lengua secreta de… la impro deportiva · Manual

La escucha

Por alguna razón, en el mundillo de la impro, al proceso psicológico de la atención se le llama escucha. En impro la escucha es un concepto, y no es solo escuchar. En la mayoría de idiomas se distingue oír de escuchar, y es por una buena razón. Puedes estar oyendo hablar a alguien y además estar distraído. Si estás distraído, tu cerebro va a ser incapaz de registrar las aportaciones de tu compañero. Deberías estar escuchando y mirando a los compañeros en escena. La actitud ayuda. Cuando nos inclinamos hacia delante el cerebro se activa y registra mejor. Hay que añadir que en otras disciplinas como la psicología existen conceptos como la escucha activa y la atención plena que pueden ser de utilidad. No vamos a entrar en temas de mindfulness y estar presente, simplemente señalar que hay que estar atento en vez de estar pensando en tus cosas o hacia dónde vas a mover la escena.

Esto no es muy conocido, pero la realidad es que nuestro cerebro solo tiene un área (el área de Broca) dedicada a procesar el lenguaje, y esta es monotarea. Es físicamente imposible que tu cerebro pueda escuchar lo que dice un compañero y a la vez escuchar tu voz interna, emperrada en trazar un plan maestro de todo lo que va a ocurrir en la introducción, nudo y desenlace o entrar con un chiste que aplauda a tu ego. Perdernos qué ha pasado en la escena imposibilita que podamos aportar nuevos ladrillos narrativos coherentes entre ellos para integrarlos en lo que ya se ha establecido.

Es muy diferente no escuchar al compañero porque nos estamos escuchando a nosotros mismos mientras estamos esperando a entrar desde el banquillo, a que no estemos escuchando porque estamos ya dentro de la escena y nuestros recursos cognitivos se han agotado. Si estamos accionando, moviéndonos, poniendo un acento, creando una corporalidad, manteniendo una emoción, mirando la acción del compañero, nos damos cuenta de que los colores de la luz de los focos han cambiado, la música ha cambiado y de pronto intuimos que algo nos está queriendo decir el de la técnica, o no, no estamos seguros, y entonces... nos hemos perdido algo que ha dicho el compañero. Esto es más que una mera distracción. Nuestro cerebro puede verse saturado de estímulos, y al agotar sus recursos para tanto estímulo, se ve obligado a disminuir el procesamiento de la escucha. No funciona exactamente así, pero para que se entienda la idea, piensa en la típica frase de: «es que con tanto ruido no me puedo concentrar».

Bien, pues en impro, muchos improvisadores que están empezando no pueden mantener un personaje, no pueden mantener una acción, no pueden mantener un acento... y además escuchar a su compañero. Al principio es normal. Es posible que solo mantener un acento sea un reto que requiera semanas de entrenamiento. La disociación hay que entrenarla. Disociar es hacer dos cosas distintas a la vez. Por ejemplo, realizar una acción y hablar de otra cosa que no tenga nada que ver con esa acción es disociar. Si estamos pescando pero estamos hablando de que el empleado del concesionario nos ha vendido un coche ya usado, estamos disociando. Semana tras semana, con ejercicios, juegos, práctica en escena... disociar se hace cada vez más fácil y natural hasta que llega un punto en el que todos estos elementos se unen, y un actor puede crear un personaje, establecer un quién, realizar una acción, establecer un qué y construir una relación gracias a la escucha mutua, estableciendo un quiénes.

Sin escucha, un peligro de la impro es que cada uno reme en una dirección y la impro se quede dando vueltas sin avanzar hacia ningún lado. Una historia debe tener siempre una plataforma, una dirección y un sentido. En caso contrario, el público desconecta. Además, hay una buena razón por la que tienes que atender a tu compañero: todo lo que se dice y hace en escena sienta las bases de la nueva realidad del universo que estamos creando. En impro, crear es casi sinónimo de...

En la wiki hay una definición breve de este concepto: Escucha.